



Teatro-Museo Dalí. Figueres, Girona
Dani Freixes
Que los Sres. Morse –propietarios de la colección del Museo Dalí de Saint Petersburg– que tienen por norma no prestar jamás un cuadro, depositasen su confianza en el servicio de restauración de la Fundación Dalí de Figueras y, en consecuencia, enviasen dos cuadros históricos del Maestro con el Pan como protagonista, sugirió a la Fundación, a la que pertenezco como patrón, esta exposición excepcional.
En efecto, si uníamos a los dos cuadros citados, los tres de nuestra propiedad con el mismo tema, podíamos exponer por primera, y casi con seguridad única vez, todas las obras pictóricas de Salvador que tuvieron como motivo central el Pan. A estos cinco cuadros unimos la escultura Busto de mujer retrospectivo por su relación evidente con el tema.
Lo atractivo del montaje de esta pequeña pero preciosa exposición motivó una colaboración excitante, entrañable y divertida con el amigo y gran inventor Dani Freixes. Al enfocar la ubicación, vimos claramente de acuerdo con el criterio del director del Museo, Antoni Pitxot, la dificultad de vaciar una sala –todas absolutamente repletas– sin sacrificar la visita de la colección permanente. Además, con esta solución difícilmente podíamos garantizar las condiciones extremas de control de temperatura y humedad que requerían sobre todo dos obras pintadas sobre tabla y la exposición quedaría diluida en el conjunto dalinianamente abarrocado del Museo.
Tuvimos entonces la idea de levantar un tempietto (que nuestro presidente Ramón Boixadós insistió en llamar chiringuito) en el centro del escenario. Con esta solución no alterábamos el itinerario de visita del museo, conseguíamos una imagen clara e impactante de la muestra y dábamos un uso nobilísimo a un espacio normalmente poco aprovechado. Para esto debíamos crear un microclima, ya que, bajo la cúpula geodésica, en verano, pocas obras se pueden colocar con garantías. Limitamos la luz natural al pequeño óculo triangular en lo alto de la pirámide, confiamos en la iluminación artificial y controlamos la temperatura y la humedad mediante un ingenioso sistema de acondicionamiento de aire que primero circulaba por las vitrinas de las pinturas y luego acondicionaba el espacio del visitante. Las pinturas, todas ellas de pequeño formato, se colocaron en vitrinas individuales, algo bajas e inclinadas para recibir la iluminación cenital, que se situaba tras el vidrio para no provocar reflejo alguno. El conjunto se remataba con un friso de espigas de trigo, muy presentes en obras dalinianas.
Un tablón hacía de barandilla que separaba a los espectadores del cuadro, pero a la vez permitía que el verdadero amante de la obra se sentase y pudiera observarla con reposo sin obstaculizar a los otros visitantes (siempre he soñado que una enfermera me lleve por los museos en una silla de ruedas).